Un buen ejemplo para entender esta relación entre caos y orden, o entre flexibilidad y rigidez, es la red de redes, Internet. Su estructura escencial, está gobernada por estrictos protocolos de conexión, que si no son seguidos de forma precisa, la red no adminitirá la interacción. De esta forma y soporte del sistema, se encargan las maquinas, conectando los puntos globalmente. Pero desde ahi en adelante, comienza la comunicación, y es ahi, donde parte esta historia, nuestra historia. Entonces... para poder diseñar flujos de trabajo a escala humana, y de forma colaborativa, es necesario tener una estructura de conexiones, sólida, en la cuál existan protocolos que sean respetados por todos los usuarios que quieran conectarse al sistema. Quiza, puedas estar imaginando algo muy estricto y muy dominante, pero eso es una completa ilusión. No es necesario normar y regularlo todo, sólo hace falta crear un protocolo simple, basado en criterios culturales y éticos definidos por la misma comunidad. Es cierto claramente, que si dicha comunidad es intrinsecamente compleja, también tenderán a serlo sus relaciones, pero no necesariamente deben serlo sus protocolos. El desafio como diseñador de flujos de trabajo, para sistemas colaborativos, es observar el patrón común que forma la dinámica del equipo, y desde ahi facilitar su co-evolución. La invitación está hecha.
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