Se ha dicho que somos la generación más inútil que ha pisado la tierra (Hopkins, 2008).
Nuestro cómodo estilo de vida occidental nos ha llevado a depender
totalmente de los supermercados, y de los alimentos transportados miles
de kilómetros alrededor del planeta. Como hemos perseguido el
crecimiento económico a toda costa, hemos rechazado el estilo de vida
donde debemos cuidar de nuestras propias necesidades, y despreciado las
capacidades básicas que acompañan un estilo de vida simple.