
El pasado fin de semana nos reunimos con nuestros colegas de
permacultura en Biobío para ponernos al día después de un invierno de
hibernación y planeamos el próximo año. Después de seis meses de
conversación a través de internet desde nuestra última reunión
decidimos que había llegado la hora de vernos cara a cara. Nuestra
última reunión fue a mitades de invierno, cuando celebramos el Primer
Encuentro de la Cooperativa de Trueque de Alimentos biorregional en
junio. Acordamos reunirnos en la playa para darnos a todos la
oportunidad de escapar y para apoyar los esfuerzos de Fabiola y Richi
en Cobquequra, Daniel en Taucú y Hans en Rinconada.
Pasamos la primera noche en Concepción después de la feria ambiental
en el Valle Nonguen, donde cargamos el furgón con plantas no vendidas,
Daniel, herramientas y compost y tomamos la carretera. Decidimos tomar
el camino de tierra a lo largo de la costa, un hermoso lugar, a lo
largo del Río Itata y después siguiendo el tubo de celulosa gigante,
hacia al mar. En primavera, el tiempo más verde del año antes del largo
verano seco.
Esta parte del Biobío está relativamente aislada, es hogar de pequeños
agricultores de subsistencia, surfistas y gringos ocasionales. Mientras
que manejaba y planeábamos el fin de semana observamos muchas pequeñas
familias trabajando juntos en la tierra, cultivando alimentos,
recolectando alimentos silvestres, moviendo los animales y pescando...
, en plena labor constante de sobrevivir. Estas personas pueden no ser
ricas, pero conservan los conocimientos fundamentales y las habilidades
de vivir sencillamente, tienen mucho que enseñarnos.
Llegamos a la casa de la playa de Daniel la cual ha sido ampliada con
una pequeña habitación de tierra y un techo verde, un vivero de árboles
nativos y un huerto. Hicimos un cambio rápido de pañales y pusimos los
pies en la arena un minuto antes de la partida para Cobquecura y
Rucamar para el almuerzo. En Rucamar recorrimos la propiedad y las
cabañas, una pequeña granja en la costa entre afloramientos de roca y
antiguas casas de piedras. Rucamar es el hogar de Fabiola y Richi
quienes se están organizando para vivir sencillamente en la playa.
Ellos han creado huertos orgánicos intensivos y están trabajando con
sus familias para introducirles en el mundo de la permacultura y
prepararse para un verano ajetreado lleno de turistas.
Nos reunimos en Rucamar con Hans (un maestro de la vida simple) de la
playa, y Emanuel y Magdalena (permacultores que están creando un sitio
de permacultura en su casa e imparten el curso de Apicultura en Eluwn) que llegaron en moto desde Cauquenes. Con una suave llovizna,
comenzó nuestra reunión bajo el tejado al aire libre para redefinir
nuestras intenciones para 2010. Revisamos nuestras acciones de 2009,
decidimos que necesitábamos reorientar, para asegurarnos de que los
proyectos existentes como la cooperativa de comida regional funcionaran
y para crear eventos estratégicos para el próximo año que amplíen la
red y crear manifestaciones prácticas de vida sostenible en nuestras
comunidades.
Como con cualquier buena comunidad de aprendizaje, redefinimos el
propósito de nuestra organización como rama regional del Instituto Chileno de Permacultura encargado del mantenimiento de la credibilidad
y el profesionalismo del movimiento de permacultura en Chile tal como
se define por Bill Mollison en el Libro Anual de la Academia de Permacultura. Hemos
elegido una nueva coordinadora de difusión - Fabiola Salazar, un
administrador de eventos - Daniel Otero y un nuevo gerente de nuestro
sitio Web - Ricardo Orellana y cuidadosamente definidos por cada
función. Hicimos un acuerdo informal de abandonar las reuniones
oficiales y reunirnos apenas para las cuestiones más importantes y para
aquellas cosas que cambian el mundo como vivir juntos en la comunidad
regional, comer juntos, bailar y reír. Continuamos la conversación
hasta bien entrada la noche con unas bebidas frías y alimentos locales
como menú.
Durante la noche juntos y en pequeños grupos discutimos aspectos
importantes del Instituto como nuestra relación con el movimiento de
transición, el sistema internacional de diploma, el Instituto de
Permacultura Caordico y Universidad Gaia... como estamos como una
comunidad de aprendizaje haciendo una contribución a la sostenibilidad
en Chile. Hubo mucho motivo de celebración, y lo hicimos. Realizamos
una lluvia de ideas para el sistema financiero del Instituto en Chile,
el sitio Web, un nuevo sistema de capacitar a estudiantes para enseñar
y diseñar con un sistema de certificación y el modelo caórdico de la
organización biorregional que hemos creado.
Un tema candente de discusión fue la posibilidad de eventos regulares
en la región del biobio en 2010 para mantener el ritmo de nuestros
colegas muy bien organizados de Maipo, Aconcagua y Antofogasta, que ha
sido una pequeña sorpresa en nuestra hibernación relativa. Muchas ideas
nuevas llegaron a nuestra mente colectiva; baños secos en playas
locales para los turistas poco concienciados, conferencias regulares
públicas y eventos del estilo de café de mundo en las grandes ciudades
de Concepción, Chillán y Los Angeles, prácticas los fines de semana
para la implementación de soluciones en las comunidades locales, cursos
de introducción a la permacultura centrándose en llevar las manos a la
práctica. Surgió la idea de crear una presencia profesional y atractiva
para el Instituto en varios eventos importantes en la región,
incluyendo la Muestra Campesina en Yumbel donde esperamos organizar un
evento paralelo al de intercambio de semillas pero de intercambio de
alimentos orgánicos.
El domingo algunos caminamos por la playa y observamos el paisaje, y
nos resguardamos de la lluvia en la hermosa casita de Hans alrededor
del fuego mientras llovía fuertemente. Este pedacito de Chile es
destacable, un lugar donde quisiera establecer algunas raíces.
Cuando la lluvia paró un poco conseguimos entrar en acción y poner una
capa final de barro en el exterior de la casa de Hans. Nos sacamos
alguna ropa y los zapatos, preparamos los materiales y mezclamos algo
de barro, paja, arena y agua. Bailamos juntos bajo la lluvia, nos
reímos y cantamos mientras mezclábamos el material con los pies.
El trabajo entre muchas manos se hizo liviano, pusimos la mezcla por
la superficie de la casa, una gruesa capa adhesiva para evitar el frío
e integrar la casa en el paisaje. Una ráfaga de actividad más tarde,
mientras tiritábamos bajo la lluvia, decidimos parar y, aún cubiertos
de barro, hicimos una revisión final, todos nosotros (15) saltamos al
furgón y nos fuimos a casa, contentos.
Gracias Bioregión del Biobío!!!